A los lados de la
cama se han caído los peluches y la ropa interior, a veces un pijama, o dos. Se
respira tanta desnudez, tanta fragilidad, tanta carne, tantas ganas, que no se
arropa con textiles de Ikea. Porque las sábanas han ido a enroscarse a mis
tobillos de niña pequeña y me han atado a tus muslos. Las sábanas están vivas.
Y húmedas. Como nosotros.
Mi revolutionary road
24 de mayo de 2013
20 de mayo de 2013
Que no entiende nada
Vivo en el vacío.
En el abismo claustrofóbico de un castillo con las persianas cerradas de
par en par. Ojalá me ahogue. Víctima y culpable de ausencia de luz. Injusta. Masoca
cuando leo cada noche, antes de intentar dormir, sintiéndome niña.
Aferrada a un oso amarillo de peluche que sólo palpita en un
universo donde los unicornios buscan refugio bajo la lámpara del salón.
Imaginación impostora que pone perdido de rímel el único objeto que conservo de
antes de cruzar la línea. Desprecio hacia la mujer que no es quien
quiere ser. Una mentirosa que juega a ser la reina de hielo mientras se muere
de calor. Y una perra canela que no entiende nada.
Mujeres que lloran semen
Venga, bobita, no llores. Tampoco hables, que calladita estás
más guapa. Pero dónde vas a ir tú sin mí? Ven aquí, ven y escúchame, nadie,
nunca, te va a querer como te quiero yo, entendido? Joder, qué pintas llevas.
Mira tu hermana, lo femenina que es... Pero dónde vas así vestida? Te vas a
matar con esos tacones. Oye, soy tu jefe y te ordeno que te pongas esos
pantaloncitos más a menudo, jajaja… Cómo has cambiado, antes no eras así. Feminista?
Feminista por qué? Pero si hacéis lo que os da la gana. Son esas amigas tuyas
que te llenan la cabeza de pájaros. Si sigues encerrada en tu habitación
leyendo no vas a encontrar novio en la vida. No grites, que estás histérica. Qué
pasa? Que te tiene que venir la regla? Al final te vas a quedar sola. Ya sabes
cómo son las mujeres. Ya sabes cómo somos las mujeres. Por favor, compórtate
esta vez, vale? Y, venga, sonríe. Las rubias son tontas. Las guapas son un
peligro. Las feas unas desgraciadas. Mira qué fea, seguro que la chupa. Cuántas
pollas se habrá comido esa para llegar donde ha llegado. A ti lo que te hace
falta es un buen polvo. Cómo que no? Claro que quieres! Llevas provocándome
toda la noche. Venga, no seas calientapollas. Te corres? Qué puta eres!
Mujeres que lloran semen.
16 de mayo de 2013
Infinito sin ti
Ya no sé escribir. Quizá no haya sabido nunca. Se me
atragantan las letras de tu nombre. Las frases que no compongo porque la
añoranza no se describe. Duele. Y duele. Duele como este sentirme sola que
llevo pegado en la frente. Duele como este no servir para nada excepto para
echarte de menos. Duele como este jueves reconvertido en domingo por la tarde.
Como este eterno domingo por la tarde con la coleta despeinada y el flequillo
medio rizado. Lo peor de un domingo por la tarde es que al día siguiente sea
domingo por la tarde. Sin siquiera una semana de tregua de labios rojos y mirada tirante. Y la coleta seguirá
despeinada. Como la autoestima cercenada por este domingo infinito. Infinito
sin ti.
9 de mayo de 2013
La boca
Hambre. Hambre de mí, de ti. De ti en mí. De ti en mi boca. De tu boca. Hambre saciada en mi boca. Hambre para vivir. Para sentir que vivo. Para estar viva. Hambre que suena en las tripas y me retuerce. Hambre de letras. Biografía del hambre. Revelaciones hambrientas. Con una hache que enmudece de hambre. Y España, sin hache, que se muere de hambre. Como Amélie Nothomb siendo ella misma cuando era Amélie Nothomb. Como yo que ya no soy si no me alimentas la boca.
8 de abril de 2013
Mi cicatriz
Noto el calor de la sangre
que brota
en las cicatrices.
Empapa mis pies,
tan pequeños.
Y las manos de lija.
Y el sexo.
Rojo y rosa.
Carne.
Muere al contacto del suelo gris
y sucio
que me apoya.
Deja de pertenecerme.
Y se esfuma.
Ya no es yo.
Ya no soy.
Soy mi cicatriz.
que brota
en las cicatrices.
Empapa mis pies,
tan pequeños.
Y las manos de lija.
Y el sexo.
Rojo y rosa.
Carne.
Muere al contacto del suelo gris
y sucio
que me apoya.
Deja de pertenecerme.
Y se esfuma.
Ya no es yo.
Ya no soy.
Soy mi cicatriz.
15 de marzo de 2013
Y bailamos
Es viernes. Completamente viernes. Y bailamos. Me agarro a
tus hombros y meneo la cintura porque prefiero el vaivén a contarte la misma
canción que he contado siempre. Hay tantas cosas de mí que no sabes ni sabrás
nunca. Calladita estoy más guapa. Y, si hablo, me atraganto. Se me tuercen las
patas.
Nunca sabrás que chocaba con paredes de piel recién
afeitada, que el olor a after shave me provocaba arcadas. Que no recuerdo sus
manos, quizá sus tactos. Apenas media docena de nombres. Del resto ni eso.
Tampoco sabrás que me abría las venas buscando líquido rojo
que me convirtiera en humana, que no lo encontraba. Que estaba congelada. Estúpida
reina de hielo que sólo encontraba sangre entre sus piernas.
No. Me niego a que sepas que no era buena ni leal. Que
jugaba con ellos y los coleccionaba y que a algunos lo tenía repetidos y otros
se me repetían. Y que ya ni siquiera son cromos en mi memoria. No serás capaz
de adivinarlo.
Porque hoy es viernes. Completamente viernes. Y bailamos.
2 de marzo de 2013
Cae el telón
Soy la palabra que no se pronuncia. El punto y la coma que se resbala. Un beso con puntos suspensivos y un orgasmo, o dos, con diéresis. Un paréntesis de apertura, uno de cierre y en el medio un punto, mi clítoris. Soy una mujer sin guión. Tu punto y final y seguido, su punto y aparte. Mis dos puntos. Fin del primer acto. La tilde en el pezón izquierdo, una letra compuesta en el derecho. La negrita en las pestañas. Y cuerpo en minúscula y cursiva. Tinta en la piel. Una pe, una i. Tu epílogo, su prólogo. Una nota a pie de página. Monólogo interior. Cae el telón.
13 de febrero de 2013
El resto de mi vida
“Hasta el miedo es hermoso desde que estamos juntos”. Eso
dice un poeta de verdad y no yo, aprendiz de escritora y experta en nada, que
daría todas mis letras a cambio de haberte regalado un verso así. Pero no
puedo, las yemas de los dedos se me atragantan sobre el teclado. No quieren
trabajar si no es sobre tu piel. No las culpo. Yo tampoco.
Hoy quería contarte que vi flores, muchas flores, en el rincón
donde nos conocimos, quería escribir sobre eso, escribirte un poema de amor de
esos que esconden orgasmos y reivindicar que esas rosas no están ahí porque
mañana sea San Valentín, sino porque fue ahí, justo ahí, donde empecé a pensar
que, por qué no, podría enamorarme de ti. O quizá porque fue ahí, justo ahí,
donde me enamoré de ti. O quizá… La única verdad es que llevaba enamorada de ti
desde mucho antes de saber siquiera si existías o sólo eras producto de una
imaginación desbordada de amor.
Qué terrible! Cuánta ñoñería! A la mierda el romanticismo! Debería
callarme y dedicarme a quererte el resto de mi vida.
4 de febrero de 2013
Cederle el paso a la muerte
Todavía hay carreteras. Curvas. Señales de peligro. Prohibido
adelantar.
Stop.
Lugares que han perdido el alma, como una estación de
servicio con la cisterna rota. Y, a veces, hay que cambiar una rueda en los
arcenes. Y hace frío y supuran las grietas. Lugares que están vivos, aunque se
desangren, todavía palpitan. Caminos secundarios por desiertos de asfalto que
sudan alquitrán. Y hay que esquivar a una zorra moribunda que nadie se ha
parado a socorrer. Instinto de no cederle el paso a la muerte.
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