Añicos de cristal sobre la alfombra roja.
Ya no alimento enanos.
Me enamoro de bestias
que acarician con sus zarpas peludas
de uñas negras.
Y se pudren las rosas.
No necesito preguntar
a un espejo
para saber que no soy la más bella.
No soy una princesa.
Acaso es azul la sangre
que brota entre mis muslos?
19 de noviembre de 2012
17 de noviembre de 2012
Más que una metáfora
No me atrapes en tus ojos.
No me toques.
Bajo esta piel suave el sexo es impuro.
Sucio.
Mi voz de niña
es el gemido moribundo de una anciana.
Y estos zapatos de tacón
no están ahí para hacerme más mujer.
Los utilizo para torturarme,
para llorar de dolor,
y que caminar sobre llagas
sea más que una metáfora.
16 de noviembre de 2012
Me había perdido
—Mi amor, me haces un favor?
—Claro! Dime.
—Cuando quieras, así como que no quiere la cosa, pregúntame qué pensé el día que nos conocimos.
—Mi vida...
—Sí?
—Qué pensaste el día que nos conocimos.
—Me pregunté en qué sueño me había perdido.
24 de octubre de 2012
Hasta ti
—Dónde vas?
—Y qué importa eso?
—Cómo que qué importa eso? Me importas. Quiero saber dónde vas.
Imaginarte… No sé… Subiendo por la Gran Vía con esos zapatos rojos de tacón. Te
imagino sonriendo, pensando en mí, en nosotros. O… No sé… Entrando por la
puerta de El Corte de Inglés, de ese Corte Inglés, donde nos vimos por primera
vez…
—Sí, no me digas más... Me imaginas sonriendo, pensando en ti, en
nosotros.
—Eh! No me hagas burla!
—Pero qué morro tienes!
—Bueno, me vas a decir dónde vas?
—Y qué importa si todos los caminos me llevan hasta ti?
23 de octubre de 2012
Sin piel, con huesos
Nunca imaginé que me encontraría contigo en la noche de
Todos los Santos. Allí, al otro lado de la frontera, no puedo rozarte. No
hay besos ni caricias. Ni siquiera huele a ti. Sólo tierra, tierra y lombrices,
en mi espalda, justo donde deberían estar tus manos enormes, que ya no son
manos, sino recuerdos. Delirios sin piel, con huesos.
9 de octubre de 2012
Y hasta el martes que viene
Vuelve a ser martes. Y yo vuelvo a querer volar. Volar hacia
atrás en el tiempo. Volver al periódico y volver a tener un motivo para que den
rápido las nueve de la noche. Montarme en el coche. Parar en la calle Ferraz.
Que Anika haya estado contigo en el parque. Y volver a contarte que ya no me
gusta mi trabajo, que estoy de bajón y que no me quedo, que
me voy a casa, que si acaso me tomo un agua rápido. Y meterme en la cama. Y que
dos horas después, o tres o cuatro, suene el telefonillo. Y que te quedes a
dormir en ese sofá tan incómodo. Que deje de ser martes y el miércoles amanezca
teniéndote cerca. Preparar un colacao con mucho azúcar y un té con leche de
soja. Y hasta el martes que viene.
Pero vuelve a ser martes. Y ya no vuelvo al periódico. Tengo
un sofá pijo y enorme, pero ni un duro para comprar azúcar. Y hasta el martes que
viene.
7 de octubre de 2012
Un motivo para sonreír
Y ahora no sé qué hacer. Podría dejarme llevar y quererte toda la vida, pero no sé si a estas alturas tendría mucho sentido. Ya no soy esa niña que te gustaba tanto porque siempre tenía un motivo para sonreír. Me he hecho mayor y ahora siempre tengo un motivo para llorar. Se me ha afilado la cara e hinchado los ojos. A veces, ni siquiera tengo ganas de follar. Mi única certeza es que aquella niña no va a volver, que llueve y se me olvida ponerme las botas de agua rojas, que esquivo los charcos. Que, en el fondo, lo único que hago es esquivar el amor. Que no quiero que duela nada más, aunque tú seas lo único que me convierte en esa niña que siempre tiene un motivo para sonreír.
5 de octubre de 2012
Ojos manchados de rímel
Soy la mujer invisible. La niña que no existe. La chica triste. Soy la mujer invisible que se muere si no la desean. La niña virgen que sangra cuando se la follan. La chica triste que pasea a su perra con los ojos manchados de rímel.
30 de septiembre de 2012
Ya no (te) quiero nada
Ya no quiero nada. Ni tus lágrimas absurdas. Ni tus te
quieros. Ni que me mentes una vez más a la rosa de El Principito. Ni tus
manos. Ni tus versos. Ni tu labia. Ni tu sexo, no es tan bueno. Ya no quiero
nada. Ni tus dolores de estómago. Ni mis vómitos. Ni tus traumas infantiles. Ni a tu madre. Ni a tu perro. Ya no quiero nada. Ni tu Peter Pan. Ni mi Campanilla. Ni tu Miguelito Dávila. Ni mi Luli
Gigante. Ni nuestro camino de los ingleses, no lleva a ninguna parte. Ya no
quiero nada. Ni tus libros de Bukowski. Ni tus putas canciones de Los Planetas. Ni tu
ego. Ni tus historias de los 90 que no comprendo, yo era una niña y tú un niñato. Ya no
quiero nada. Ya no (te) quiero nada.
22 de septiembre de 2012
Envejeceríamos juntos
Pensaba que envejeceríamos juntos, que siempre estarías ahí,
como el lunar que tengo en el meñique de la mano izquierda. A veces no me doy
cuenta de que existe, otras lo toco y sonrío. Como la caja repleta de cartas
recibidas durante la adolescencia que se llena de polvo en el armario de casa
de mis padres. En ocasiones, saco una al azar y me muero de risa, una risa que
siempre da paso a la reflexión. Como mi oso amarillo, que no hace ruido, pero
siempre está dispuesto a que lo llene de rímel cuando las noches se hacen
largas, hace frío y me da por llorar. Como los álbumes de fotos antiguas que me
recuerdan la que fui un día.
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