30 de septiembre de 2012

Ya no (te) quiero nada


Ya no quiero nada. Ni tus lágrimas absurdas. Ni tus te quieros. Ni que me mentes una vez más a la rosa de El Principito. Ni tus manos. Ni tus versos. Ni tu labia. Ni tu sexo, no es tan bueno. Ya no quiero nada. Ni tus dolores de estómago. Ni mis vómitos. Ni tus traumas infantiles. Ni a tu madre. Ni a tu perro. Ya no quiero nada. Ni tu Peter Pan. Ni mi Campanilla. Ni tu Miguelito Dávila. Ni mi Luli Gigante. Ni nuestro camino de los ingleses, no lleva a ninguna parte. Ya no quiero nada. Ni tus libros de Bukowski. Ni tus putas canciones de Los Planetas. Ni tu ego. Ni tus historias de los 90 que no comprendo, yo era una niña y tú un niñato. Ya no quiero nada. Ya no (te) quiero nada. 

22 de septiembre de 2012

Envejeceríamos juntos


Pensaba que envejeceríamos juntos, que siempre estarías ahí, como el lunar que tengo en el meñique de la mano izquierda. A veces no me doy cuenta de que existe, otras lo toco y sonrío. Como la caja repleta de cartas recibidas durante la adolescencia que se llena de polvo en el armario de casa de mis padres. En ocasiones, saco una al azar y me muero de risa, una risa que siempre da paso a la reflexión. Como mi oso amarillo, que no hace ruido, pero siempre está dispuesto a que lo llene de rímel cuando las noches se hacen largas, hace frío y me da por llorar. Como los álbumes de fotos antiguas que me recuerdan la que fui un día. 

19 de septiembre de 2012

Cómo te llamabas tú?



Si te pregunto una cosa me matas?
No sé, prueba…
El caso es que no recuerdo tu nombre.


No me mires así, por favor. Ayer había bebido demasiado. Lo siento.


De verdad, qué importa un nombre? Me acuerdo de muchas otras cosas.
Sí? De qué?
Recuerdo que te tapaste la cara con vergüenza después de besarte. Recuerdo tu timidez al quitarte la ropa. Recuerdo que te transformaste en otra cuando te pedí que te tocaras para mí. Recuerdo sentirte muy niña cuando te adormilaste encima de mi pecho. Recuerdo cómo se iba tranquilizando tu respiración. Recuerdo que esta mañana cuando he abierto los ojos me he enamorado de ti.

No me dices nada?
Y tú?
Yo qué?
Cómo te llamabas tú?

15 de septiembre de 2012

No son tú


Lo cierto es que no puedo evitar comparar. Es injusto, lo sé. Pero, alguien me lo dijo, nunca encontraré a nadie como tú. Y te busco. Y contrasto. Y todos pierden. A veces tengo la sensación de que los odio. Sólo porque no son tú. 

12 de septiembre de 2012

Palabras



Me he cansado de jugar con las palabras. Son impuras e infieles. Han probado el sabor de tantas lenguas, se han deslizado por tantos dedos. A veces dulces, otras amargas. Siempre tramposas. Como putas de lujo que mueren en un punto y resucitan en la boca.

8 de septiembre de 2012

(In)destructibles



Te busqué todo un verano. El que me había propuesto que fuese el más feliz de mi vida. Qué ilusa.

Habían cambiado tantas cosas últimamente. Ya sabes, me corté el pelo muchísimo. El símbolo de haber terminado con todo aquello que me hacía daño. Sansón a la inversa. Siempre me gustó hacer las cosas justo al revés de lo que se espera.  

Y allí estaba, en pantalón corto y camiseta de tirantes blanca. Mirando el móvil. Buscando tu nombre. Bloqueando el teléfono. Dejándolo boca abajo encima de la mesa. Volviéndolo a coger. Mirando nuestras fotos. Escuchando esa canción una y otra vez. Esperando(te) en un bucle al que no quería, o no podía, poner fin.

Pasó julio. Y agosto. La niña que vive en mí estaba convencida de que volverías en septiembre. Pero aquí no hay nadie. Ya no hay nada. Ni siquiera hace calor.

Puede que jamás me reconcilie con el verano. 

28 de agosto de 2012

Y se besaron



Estás muy callada. En qué piensas?
En Nueva York. Siempre pienso en Nueva York. Tengo una idea! Cierra los ojos y dame tu mano, aprieta la mía fuerte.

No lo notas?
El qué?
Está lloviendo. Hay una tormenta de verano enorme sobre Central Park. No escuchas los truenos?

Él se reía. Ella siempre pensaba en Nueva York. Él siempre se reía.

Míranos. Ahí estamos. Tú y yo. Mojándonos. Descalzos, despeinados, empapados. Felices. Míranos como en un travelling circular.

Él volvió a reírse.

Mi amor, vamos a ir juntos a Nueva York, verdad?
Claro que sí, vamos a ir juntos al fin del mundo.
Eso es imposible.
Por qué?
Porque juntos convertimos los finales en principios.

Y se besaron.

20 de agosto de 2012

Conmigo. Para siempre


La decisión es seguir, aunque duela, aunque siga doliendo el resto de la vida. He esperado todas estas semanas levantarme una mañana, salir a la terraza y comprobar que había llegado el Apocalipsis, que Madrid había sido destruida. Como yo. Cómo era posible que la vida continuara como si nada hubiera pasado? Día tras día, todo seguía en pie. Qué sinsentido!

Qué sinsentido volver allí y que no estés, que no estéis. Qué sinsentido tatuarme un 33 en el pie para sentirte más cerca. Qué sinsentido prometerte ir más a Huerta hace apenas dos meses. Para qué si no voy a encontrarte?

Sin embargo, no duele ni el lugar ni la memoria. Al contrario, atesoro una fortuna en forma de buenos recuerdos y de enseñanzas que me hacen mejor, porque siempre serás la mejor parte de mí, mi Sam Sagaz que se disfrazaba de Gandalf para pasar desapercibido. Duelen los recuerdos futuros de un presente incompleto. Pero presente al fin y al cabo. Presente. Aquí y ahora.

Por eso, anoche decidí que hay que seguir, que la vida sigue girando y le voy a conceder este baile con mucho gusto. Que a ti te gustaría que siguiera bailando, sin parar, cumpliendo sueños. Me queda todo por hacer y, aunque ya no estés, estás.

El Principito me enseñó que un puñado de afortunados tenemos estrellas en el cielo capaces de hacernos reír. Y yo tengo dos. Dos supernovas enormes que me acompañan. Dos tesoros que me enseñaron lo maravilloso que puede ser estar vivo. Mis ángeles. Mis amigos.

Aquí estáis, dentro de mí, lo noto, mi corazón late a ritmo de ska. Por eso, hoy me pongo los zapatos rojos y vuelvo al camino de baldosas amarillas. Y vosotros os venís conmigo. Para siempre. 

19 de agosto de 2012

Odio. En secreto


Ella no se quiere. Nunca se ha querido. Aparentemente, lo tiene todo. Es inteligente, guapa, culta, cariñosa. Pero se odia, en secreto. Se odia con todas sus fuerzas. Sólo es capaz de mirarse, desnuda, en el espejo después de terminar en la cama con cualquiera que le prometa buen sexo. Entonces ve sus ojos encendidos, no de deseo, sino de alegría. Cinco minutos de felicidad tras un orgasmo, o dos. No es tan asquerosa cuando alguien es capaz de tocarla, de meterse dentro de ella. Aunque eyacule y se vaya.