7 de julio de 2012

Memoria extraviada


En el bloque de enfrente hay una fiesta. Música, ruido, gritos, risas, gente, mucha gente, gente muy joven. Luces de colores y globos en la terraza. Mi casa está en silencio. Apenas iluminada por la bombilla de la lámpara de pie. Escucho las teclas del ordenador y echo de menos aquella máquina de escribir con la que jugaba de pequeña. Más escandalosa, como si cualquier cosa que se plasmara sobre papel cobrara relevancia. A Gabo le sacaban de quicio los borrones de las máquinas de escribir.  A mí me saca de quicio que no vaya a contarla más. Vivir para contarla. Que la siga viviendo, aunque sea con la memoria extraviada.  

3 de julio de 2012

Y me vi



Todavía me recuerdo entre tus brazos. Aquel primer día, en una habitación rosa llena de peluches, que invitaba a cualquier cosa menos al placer. Tan niña a tu lado, mirándote con admiración como si estuvieras por encima del bien y del mal. Como un dios. Mi dios. Ibas a hacerme el amor después de suplicártelo durante semanas. Me sentía tan fea. Tan torpe. Como una virgen. Me agarraste por los codos, casi con violencia, y me pusiste delante del espejo. Me obligaste a mirarme sabiendo que odiaba mi cuerpo desnudo, las cunetas sombrías de mis curvas empeñadas en hablar de amor. Y me vi. Me vi a través de tus ojos. Me vi por primera vez en mi vida.

Y Dios me hizo mujer. 

1 de julio de 2012

Entrelaza-dos



Tregua de insomnio. Cuando despierto son ya las diez de la mañana. Por fin. Te siento en mi espalda. Miro nuestras manos, nuestros dedos entrelaza-dos. Me aprieto contra tu piel. Voy al baño a lavarme los dientes y las manos. En el espejo, parezco un mapache. Me has hecho sudar. El sexo embadurna de rímel y eyeliner los bordes de mis ojos. Me gusta mi cara negra de placer. Sonrío. Vuelvo a tu lado. Acaricio tu nuca despacito para no despertarte. Y la huelo. Las sábanas están todavía mojadas. Como yo. 

30 de junio de 2012

Descalza



Tengo los talones negros de pasear descalza por la calle Princesa. Me he cansado de cargar con un palmo de plataformas de esparto. Cuando llego a casa, me meto en la ducha y me froto fuerte con la piedra pómez hasta que duele. Después juego a pintarme las uñas de los pies. Como una fiesta. Y no soy capaz de apartar la mirada de esos 10 dedos adornados en rojo brillante. Los hago bailar, como si tocaran el vals de Amélie en un piano imaginario. Y siento, otra vez, que no soy más que una niña a la que han obligado a hacerse mayor. 

25 de junio de 2012

Oli-dos



Hueles a limpio. A canela. A ropa blanca recién tendida al sol. A tierra mojada. A Valdecastillo cuando volvía a casa de la abuela rodeada de vacas, al atardecer. Hueles a infancia. A mi perfume favorito que dejó de fabricarse. A las especias del zoco de Marrakesch. A Anika cuando era una bebé. Hueles a ternura. A sábanas blancas, mojadas. A nuca sudada. A pelo revuelto. A látex. Hueles a sexo. A café. A la orilla del mar en Coney Island. A tarta de manzana. A Navidad. Hueles a hogar. 


Mi hogar. 

24 de junio de 2012

Frío



Calor. Qué calor. Apenas unas bragas blancas de algodón. El sudor me moja la nuca. Necesito agua. Agua helada. Agua congelada. Bebo. Con ansia. Se escurre por mi barbilla, por mi pecho. Se cuela en mi ombligo. Tregua. 35 grados a la sombra. Las persianas bajadas. Y un abanico rosa.

Tirito. No estás. 

22 de junio de 2012

Señales



Hoy ha pasado algo extraño. Algo mágico quizá. Es el cumpleaños de Anika y, a media tarde, he abierto su cuenta de Facebook desde mi móvil. Creo que nunca antes lo había hecho. He iniciado sesión y lo primero que aparecía era una sugerencia de amistad. Apenas un nombre y dos apellidos: Roberto Rica Villarreal. Se me han helado las venas, pero no la boca. Para sonreír. Llevaba chanclas. He mirado el 33 que tengo tatuado en el pie.

Esta semana he pensado mucho en ti, en esa estrella grande que tengo en el cielo y que me hace reír. Eso me lo enseñó El Principito, ese gran filósofo que los pedantes desprecian mientras lo leen a escondidas. Esta semana le he hablado a alguien de nuestros cafés con leche y con amor. De tu colonia. Esta semana, sentados en la plaza de España, Ladis y yo nos hemos acordado de ti. Como siempre.

Quiero pensar que no es casual que hoy aparezca tu nombre en la pantalla de mi teléfono. Son señales, marcas que demuestran que vas a estar siempre conmigo, que formas parte de mí, que parte de lo que soy existe porque día tras día, noche tras noche, café tras café, me hiciste un regalo maravilloso: conocerte.

Te quiero, amigo. 

21 de junio de 2012

Maldita ausencia azul

Te espero sin saber muy bien por qué. Guardo tu ausencia. Y desespero. Te necesitaba tanto...


Méteme entre tus brazos y tu pecho. Qué bien huele. Cuídame. Una vez más, por favor, una vez más. Apenas un instante.


Y te espero a sabiendas de que sólo yo puedo salvarme. Tu maldita ausencia azul. La nada.

19 de junio de 2012

En su espejo


Ojalá pudiera mirarme a través de sus ojos. Descubriría mañanas eternos. Ordeñaría mis pechos con ansia, como si en ellos se escondiera el manantial de la eterna juventud. Y mis ojos... Quemándome y deshaciéndome a su antojo. Cuencas vacías llenándose de vida. Esos minúsculos gusanos blancos, asquerosos, volarían lejos. Imposible alcanzarlos. Y mi boca... Pequeña incluso para besar. Piedra de toque de las noches de invierno. Jugaría a retarme. Y ganaría. 

17 de junio de 2012

En el abismo


La ausencia es un abismo. Un vacío en el que no hay nada más que nada. Invento que te recuerdo. Pero tus ojos verdes se desdibujan dentro de mí. Se diluyen entre recuerdos inventados que llenan vacíos abismales. Idealizo tu yo ausente. Me miento. La única certeza es que ya no estás. Y que si salto al abismo, me encontraré con la nada que me diluye en tus pupilas.