Desde el día que el Principito murió entre mis brazos,
Peter Pan no ha vuelto a visitarme de noche.
Peter Pan no ha vuelto a visitarme de noche.
Wendy ha envejecido con un dedal clavado en el pecho.

Heidi en el Belén. Rocky Balboa y Daniel Larusso turnándose en el televisor. “Tooooooda valla”. “Adrian!!”. Papá dejando crecer la masa del roscón de Reyes al lado de la estufa del salón. Mamá dándome permiso para tomar una gota de café en Nochebuena. Mi hermano convencido de haber visto la bota de Papá Noël, del de verdad, doblando una esquina. El cachorro que nunca llegó un 6 de enero. Los peluches. La casita de Pinypon. Los nervios. La risa. El frío. El calor. Las luces con música del árbol. Las bengalas en Cortylandia. Los zapatos relucientes. El chocolate a la taza. Las tres copas de cognac. El cubo de agua.
La Navidad era más cuando habitaba ese mágico lugar. Infancia.


