4 de marzo de 2014

Hay cemento en la muerte,
y música,
alas para creer en el malnacido dios
que te murió. De repente.

Hay gritos,
y flores,
una sanguijuela en el estómago
para no llorar o hacerlo más fuerte.

Hay agua,
olas en el estómago,
un embudo de mármol en el diafragma.
Y me ahogo.

Estoy desnuda en el cementerio.


Despierta, joder, despierta. 

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