8 de febrero de 2014


Podría adornar tus recuerdos, ordenarlos por colores o por orden alfabético como los libros que me enseñaron todo lo que no sé. Como una manera de defenderme de mí misma, torturándome. Para que duela y estar viva.


En la cama mojada se diluyeron todos esos versos terribles que ya no iba a necesitar. Y ahora, ni siquiera eso, ni siquiera poesía. Ni siquiera vida. Ni siquiera nada. Para siempre resultó ser otra mentira y nunca una posibilidad. 

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