27 de diciembre de 2013

Cero grados sobre la piel. 
El silencio me susurra. 
En la nuca, en el oído. 
Siento su aliento y estoy perdida. 

Le dejo hacer. Dejo que me penetre. 
Y ya no es tan malo. 
Pido más:
Más, por favor, más.

No hay calor en mi útero. 
Ni carne en las entrañas. 

Estoy tan vacía 
como la nevera que ya sólo sirve 
para recordarme
que me mato de hambre, 
que me destruyo
para saber que sigo viva. 

Soy la soledad
de una estación de servicio 
con la cisterna rota. 

8 de diciembre de 2013

Recuerdo la falda tableada de lana gris, el uniforme de colegio religioso.

Los pecados.

A la gula, la avaricia y la envidia, las mató la lujuria.

Y la culpa.

Una falda gris cubre un vientre de niña.

Unas bragas blancas
Y baratas. De algodón.
contienen sus tobillos.

Y la culpa está helada.
Y tiemblo.

Husmeo tu tumba porque no soporto este frío.

La maldita ausencia azul insertada en mis clavículas.


La nada.

1 de diciembre de 2013

El silencio me acaricia la piel hasta dejarme cicatrices. Le dejo hacer mientras me quedo muy quieta, desnuda, encima de la cama, muerta de frío, o de miedo, si es que no es lo mismo. Me corta los labios y me susurra al oído, tan obsceno que no puedo mirarlo. No me lo permiten estos ojos extraviados en tus recuerdos que me empapan las piernas.