28 de noviembre de 2013

Y no es tanta la soledad si todavía puedo masturbarme con tus recuerdos. Tocarme y sentir que siento, que mi espalda se arquea, que tengo saliva, dedos, dientes, que mi cabeza puede volar antes de caer en esta cama que es un solar de gemidos vacíos. Que mi cuerpo todavía es aunque mi alma muriese contigo. 

23 de noviembre de 2013

Sé que estás ahí, en algún sitio. En un recuerdo sin esperanzas o en la cicatriz invisible que recorre mis párpados cuando los cierro. Cuando me visto de rojo o me empeño en recorrer esta ciudad en leotardos y botas de agua. Sé que estás ahí, en algún sitio. En la desmemoria de un charco sucio o en la piel de mis labios. Cuando camino descalza y se me ensucian las plantas de los pies. Sé que estás ahí. Y, sin embargo, sigo jugando a arrebatarme la niñez. 

20 de noviembre de 2013

Te quise, te quise y era como una canción de los Beatles, como si solo tú y yo hubiésemos descubierto la fórmula del amor, como si nadie más hiciera el amor, como si perdiéramos la virginidad en cada intento, pero sin miedo ni dolor. Éramos especiales, como April y Jack antes de ser los Wheeler, cuando bailaban y no les hacía falta soñar, porque no dormían, porque se tocaban y bastaba. Bebíamos cerveza a miles de kilómetros del Lower East Side de Manhattan. Y cerca de allí fuimos a morir, a las puertas del Edificio Dakota, donde asesinaron a Lennon. De repente, sin avisar. Nos matamos. Y bastaba. 

18 de noviembre de 2013

Fue mirarnos a los ojos y verlo, ver que los dos estábamos tan tristes y tan solos que no nos quedaba más remedio que abrazarnos y quedarnos juntos para siempre. Y los dos sabíamos que para siempre no existe y que nadie está aquí para salvarnos, pero necesitábamos creer justo lo contrario, porque sí, porque la vida nos había puteado tanto que nos merecíamos esa mentira narrada tantas veces que ya formaba parte de nuestras miserias. No sé cuánto tiempo ha pasado desde entonces, pero acabamos de mirarnos a los ojos y los dos seguimos estando tan tristes y tan solos que no nos queda más remedio que quedarnos juntos en este para nunca donde lo único que tiene sentido es morir de frío. 

14 de noviembre de 2013

Es miércoles, pero te espero como si fuera un viernes de abril. Como si ellos no hubieran muerto. Como si no nos llegara la basura hasta las rodillas. Como si al llorar no se me pusieran los ojos más verdes y el corazón más rojo. Como si no hubiese dejado de ser ella. Como si la claridad no me aterrase. Como si no tuviese grietas en los dedos ni manchas en los dientes. Como si no hubiese intentado olvidarte con fantasmas que se metían desnudos en mi cama empapada. Como si el rojo ya no fuera el color de la esperanza. Como si hubiera esperanza. Te espero como si fuera un viernes de abril. Como si nada. 

3 de noviembre de 2013

Eres mi vida. Te acuerdas? Eres mi vida. Jugaba a mentirte diciéndotelo una y otra vez, sabiendo que mentía. Los dos. Lo sabíamos los dos, tú y yo, pero nos gustaba tanto jugar a mentirnos como jugar en la cama a follarnos los miedos. Y, de repente, esa cama, nuestra cama, es una habitación aséptica que convierte el rojo en azul y las manos en hierba. Y ya no eres mi vida, ni  siquiera de mentira. Eres mis arrugas, mis ojeras, mis pupilas dilatadas y este hueco que me sobra entre las piernas. Y sabes que yo no miento.