1 de octubre de 2013

Y ya ni siquiera me acuerdo de cuándo fue la última vez que encendimos la noche. Solíamos saltar los charcos como kamikazes armados con botas de agua rojas y un sombrero que volaba hasta el barro. ¿Te acuerdas de aquellas canciones? ¿De que siempre era abril? Jugábamos a lanzarnos la pelota como si tuviéramos un perro canela y blanco, como si siempre fuese verano. Nos hacíamos el muerto en el mar hasta que nos daba un ataque de risa y tu garganta sabía a sal. Me mirabas tan serio a veces, hasta que te decía que eras un idiota. ¿Qué has dicho, que soy un idiota? Y volvías a lanzarme la pelota y nos inventábamos un perro y nos inventábamos que había margaritas y nos inventábamos la vida. Y nos cogíamos fuerte de la mano, hasta hacernos daño. Y nos metíamos en la cama y nos clavábamos las uñas, hasta hacernos daño otra vez. Y dormíamos con los meñiques de los pies entrelazados. Y siempre era abril. Y siempre sonaban aquellas canciones. Y siempre nos acompañaba aquel perro inventado.  Y ya… Ya ni siquiera me acuerdo de cuándo fue la última vez que encendimos la noche. 

3 comentarios:

  1. siempre era abril. siempre. y así se iba llamar nuestra renacuaja. deja de emocionarme cabrona.

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    1. Que alguien que me emociona tanto siempre me diga que yo le emociono... Ay! Qué tendrá abril?

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  2. Acabo de descubrir tu blog y he de decir que me ha gustado mucho, me ha sorprendido. Seguiré leyéndote.
    Un beso :)

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