25 de octubre de 2013

No es que fuéramos jóvenes, es que éramos tres y todavía pensábamos que la vida no podría vencernos. Tú, yo y el amor. Y, por las tardes, Lou Reed. Mirábamos el mundo sólo en dos colores. “Que se joda el gris”, decíamos. Y después nos besábamos. Siempre nos besábamos. A veces leíamos poemas en voz alta, a gritos, y olía a incienso. Otras te dejaba hacer poesía sobre mí. Nos gustaba Leopoldo María Panero, bebíamos como Bukowski y nos masturbábamos en los atascos. Y no, no éramos unos niñatos. Sólo jugábamos a ser niños en cuanto se apagaba la luz. 

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