25 de septiembre de 2013

A veces me quedo varada en esa parte de tu vida en la que no existo. Y miro a mi alredor, pero no me encuentro. No soy esa chica serena de mechas rubias y libros de antiayuda en la mesilla. Ni la comida con sus padres los domingos. Ni el aperitivo con los amigos de toda la vida de nueve a dos. Me pregunto, a veces, cómo será. Despertar a tu lado con la nuca sudada y los dientes sin lavar. El pelo revuelto y dolor de cabeza. Pero no consigo imaginarlo. No sirvo. Yo soy tu chica de cinco a ocho. La que te acaricia por debajo de las mesas en bares oscuros y poco céntricos. La que podría pasar por tu hermana pequeña, aunque sea mucho más madura y sea la única cuerda en este dos contra el mundo sin sentido. La que se abandona y coge un taxi a las cuatro de la mañana para que le regales dos horas de tu tiempo en una buhardilla que huele a pan antes de que te duches para no oler a mí cuando te acuestes con ella. ¿De veras no te sientes mal? A mí me encontraste en la calle y sabes que no te voy a querer nunca. 

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