15 de julio de 2013

Londres

Las chicas tristes comen solas en los McDonald's. Los taxis palpitan aire viciado y vicioso pintado de gris niebla. Y un puto Starbucks cada tres pasos. Quizá dos. Historia de ganadores sin empatía. Museos robados que demuestran quién manda. Arte expoliado sin derecho a réplica. Y, sin embargo, poesía. William Blake nacido en un bloque anodino. Shakespeare reconstruido al lado de un puto Starbucks. "La despedida es un dolor tan dulce"... Y Charles Dickens, que volvería a escribir 'Historia de dos ciudades'. Coronas de flores secas que recuerdan que fue 7 de julio. Sangre en una ciudad que llora de todo menos de sol. No hay perros. Sólo borregos tomando cervezas hacinados after work. Hay patos en los parques que utilizan los niños muy rubios y oh, qué ojitos tan azules, para ponerse la cara negra apache. Los besos robados, que no son los de Truffaut, corren por las escaleras mecánicas y se pierden en el metro. Náuseas en el cuarto de baño de Harrod's. Tanta ostentación para acabar de cuclillas en el mismo retrete que tú y que yo. Y salir oliendo a chanel número cinco. Como el mambo. La posmodernidad en galerías con extractores de humos. Y, al lado, un puto Starbucks, o dos. Desayunos de legumbres con tomate. "No, no es eso, es que no me gusta la textura", mienten. El punk murió el día que en Camden abrieron un puto Starbucks cada tres pasos. O dos. God save the queen. Amén. 

1 comentario:

  1. Aún y así... London es London!. Ahora todo lo que hay que ver está hacia el norte, fuera del circuito turístico. El arte emergente (underground de verdad), la mejor música electrónica... será que ahora hay que buscar más rincones, rincones desconocidos.
    La globalización es lo que tiene, hace que las ciudades se uniformen y se acaben confundiendo en su paisaje comercial unas con otras. Aún así, Londres siempre tendrá ese sabor a Fish&Chips que no he encontrado en ningún otro país de los que he visitado.

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